Blog Un profesor confinado. Donaldo

Cómo coño se cambia esta foto? Puñetero internete.

Empecé a escribir más abajo.

Creo que lo hice fetén (es importante usar lenguaje moderno del internete).

STORY 1. PROFESOR CONFINADO. DONALDO. EL INTERNETE. BREAKING BREAD.

Hola, soy Donaldo, profesor de F/Q confinado por el coronavirus. No quiero dar mis datos reales, sólo el apodo con el que me obsequiaron mis alumnos, para que el resto del mundo no sepa quién es el profesor Iturribegoicoechea del Instituto público Beurkastola de Barakaldo. El anonimato: me gusta el anonimato. Donaldo está bien para pasar desapercibido.

Donaldo, según el ingenio de mi avezado alumnado, me viene de un caminar tipo péndulo, como un pato, y de ahí Donald, del pato Donald de Walt Disney; ya les dije cuando me enteré: cráneos previlegiados!. La o final del mote viene dada por mis nulas aptitudes futbolísticas. Cierto día, en el laboratorio, observé un papel en el suelo tipo pelotilla descuidada a escasos metros de la papelera. Con mi torpe coordinación, me acerqué ni rápido ni lento a la pelotilla, chuté cara a la papelera y ésta rebotó en la pizarra digital (que nunca uso porque no se marca bien con la tiza), de ahí a una probeta grande con ácido acético (vinagre, para los profanos), la cual fue a parar sobre el teclado del ordenador portátil de la mesa del profesor. Esta conjunción de torpeza y fútbol químico desencadenó en un cortocircuito en susodicho aparato, que comenzó a chisporrotear a la par que las risas del respetable público de tan magnánimo evento: los cabrones de mis alumnos. En ese memorable momento nació Donaldo: Donald + Ronaldo, el CR7 de la química y el fútbol. Unos genios creativos mis alumnos: si se aplicaran de igual modo para los enlaces covalentes…

Hasta el viernes 13 de marzo mi vida transcurría entre probetas, química orgánica, química inorgánica, Breaking Bad (no sabía realmente qué era esto, pero mis alumnos lo mentaban constantemente como experimento), y burocracia educativa (muchos papeles y estándares: todo el rato con estándares de aprendizaje; estándares por aquí, por allí y yo que aún no he logrado sintetizar alguno en el laboratorio). De repente, me echaron para mi casa y me quedé solo, sin burocracia, sin laboratorio, sin el ordenador que quemé y sin la metanfetamina que querían sintetizar mis alumnos (al fin descubrí su pasión por la química).

En mi casa hasta el día 0 del confinamiento no tenía, – ahora sí- ni internete, ni teléfono fijo – bueno, tengo uno de góndola con rueda como los que salen en los Alcántara- y vivía -vivo- con un teléfono móvil de prepago que acaba de cumplir la mayoría de edad: 18 añazos! Bendito Nokia 3310! Una máquina al que la batería le dura una eternidad! Y el juego de la serpiente!! Ya le di la vuelta un par de veces!! Cómo disfruto! Qué frenesí! Bueno, a lo que iba, no tenía internet hasta el puñetero confinamiento. 

El día que nos mandaron para casa, José Luis, el director, en su tono condescendiente, políticamente correcto, arribista profesional y aspirante eterno a Inspector o consejero de educación, me dijo que tendríamos que atender a los alumnos por el internete. Yo sólo lo uso en el instituto porque así me sale gratis. Problema doble: confinamiento y desconectado. Le pedí prestado un ordenador del instituto y me dio dos: el quemado, para arreglar, y otro más nuevo, para conectar y trabajar. Amablemente me sugirió que instalase el internete y esa misma tarde me vino un jovenzuelo y me puso fibra (sin cereales, jajajaaja, siempre me ha gustado el humor profundo). 

El chico me dijo que ya tenía el internete, además de teléfono fijo (enchufó la góndola y aún me eché unas risas cuando intentó marcar en los agujeros de la rueda) y un montón de canales de televisión (me recomendó cambiar mi tele de tubo no sé porqué historia de la imagen). 

Le pregunté por el Breaking Bad ese y me dijo que había varias temporadas: se rió de mí al querer saber por las temporadas de invierno o de verano. No acabo de entender el humor millenial: puñetera ESO! Acto seguido, por cincuenta euros, y visto mi interés por la serie, me dejo un plástico con unos cristalitos dentro (dijo que así se sacaba un sobresueldo que los de la compañía le pagaban “un truñaco”). Que lo echase poco a poco en la bebida y disfrutase de la serie.

Y nada, aquí estoy, con una botellita de vino, con la cosa esta mezclada y disfrutando del profesor de la serie que, por cierto, tiene unos efectos especiales increíbles. No hago más que ver colores por todos los lados, abrazar los cojines e incluso, en ocasiones, parece que la tele se me viene encima: igual era por eso por lo que el jovenzuelo me instó a cambiar de aparato. Está bien esto del internet de la fibra!


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